En el caso que exista alguna estadística al respecto lo más probable es que sus resultados sean claros y contundentes: La mayoría absoluta de las personas supuestamente encuestadas (tan absoluta que rozaría la unanimidad), de encontrarse en la inconcreta y seguramente algo borrosa situación de verse obligados a elegir sin duda optarían por la opción A, y solo algún despistado (o alguien con motivos ocultos) se decantaría por la B, siendo la opción A “Comenzar y encabezar una conga” y la B “Ser final y/o cierre de conga”. Parece lógico, comenzar una conga sitúa inmediatamente al responsable en el centro espiritual de un ambiente en principio lúdico-festivo (la conga-protesta no es demasiado popular estos días, incomprensiblemente), hace variar los equilibrios de poder preexistentes (fenómeno que conlleva un aumento significativo en las posibilidades de establecer algún tipo de contacto sexual con alguna otra persona en los momentos posteriores a la conga) y en general es caldo de pollo para el ego. Todo son ventajas.
Y sin embargo, si el Sr. Perla se hayase, o, mejor dicho, cuando el Sr. Perla se haya, dada su extraña propensión a frecuentar inconcretas y algo borrosas situaciones, ante tal dilema su respuesta siempre es la misma. Es una persona de opciones B. Y no es por despiste.
El Sr. Perla conoce el poder de una conga. Algo que surge por generación espontánea en ciertos entornos y que en cuestión de segundos puede haber aumentado su tamaño diez, quince o cuarenta veces es algo con poder. Pero que tal como llega se va, difuminándose y fundiéndose en la nada como lágrimas en la lluvia y bla bla bla. El gozo generado por el flow compartido, la excitación pura de sentir unas manos en el culo y un culo entre las manos, demasiada energia desperdiciada. Y todo por no saber cerrar una conga. Por culpa del sistema, seguramente, Los Que Mandan deben llevar siglos conspirando para ocultar el terrible secreto, por la cuenta que les trae. Una conga bien cerrada por alguien con el mojo adecuado, fuera de control, no entiende de recortes, solo de seguir devorando adeptos, crecer y acumular. El gozo y la excitación fluyen por el circuito, de mano a culo y de culo a mano otra vez, el cierre evita la dispersión porque mucho mejor la retroalimentación de energías gozosas. El roce hace el cariño, y también la calentura. Temperatura, ritmo, roce y mucha gente. Con el tiempo de cocción adecuado (pasados los primeros y críticos quince segundos de una conga, los niveles de energías gozosas crecen de manera exponencial), una conga es el metafórico Palo de sudor, lascivia, ritmo y caos que se introduce por los engranajes del culo del Mundo Exterior (llegado un punto, una conga es autónoma y básicamente autosuficiente al menos durante varias horas. Llegados ahí, todo lo que no es La Conga es Mundo Exterior), y que si bien dada su naturaleza no material más allá de los cuerpos físicos que la componen tampoco es que vaya a romper nada importante, al ser su antinaturaleza metafórica el equivalente sexy de un lanzagranadas sí es habitual que cunda el desánimo y los retrasos sean algo más frecuentes en un radio de varios kilómetros a la redonda durantes los días inmediatamente posteriores a La Conga. Y todos sabemos (o deberíamos saber) lo poco que le gustan los retrasos al Señor Tic Tac.
Con el mojo adecuado, el cierre de conga (o final de conga) sería el catalizador ideal de Eventos y Acontecimientos Importantes (y divertidos con posibilidad de sexo, no hay que olvidar que una conga comienza con unas manos agarrando un culo), y tal vez por eso Los Que Mandan han puesto todo su empeño en dotar de carisma ganador al iniciador de una conga para sumir en el olvido de los perdedores al que la cierra, semidiscriminado, el suyo el único culo sin manos que lo agarren.
El Sr. Perla tiene su mojo a punto. Y un plan.

